Edición #7 Los estudiantes hackeados- En el límite exterior de la ciudadanía digital

Idea: Detrás de toda nuestra magia de alta tecnología encontramos personas, quienes, como si fueran nuestros antepasados, intentan mantener el corazón y el alma como centro del panorama vertiginoso de los medios digitales que ahora se ha convertido en nuestro hogar. Por lo tanto, de esta forma, nos preocupamos por nuestra seguridad, nuestra humanidad y nuestro futuro. El movimiento de ciudadanía digital nos debe ayudar a convertir esta preocupación en perspectiva, donde utilicemos nuestra intuición y vayamos hacia adelante. Sin embargo es necesario mantener el paso. Y aunque es natural que el mundo de la ciudadanía digital actualmente esté enfocado en temas como ciberbullying y sexting, me temo que éstos parecerán incluso pintorescos cuando se les compare con otras cuestiones que nos esperan…como aquellas que acompañan la venida del estudiante hackeado biológicamente ó bio-hackeado. Es necesario que encontremos tiempo dentro del horario escolar para comenzar a tratar estos temas con los estudiantes, al igual que de otras tecnologías que se han anunciado que pronto llegarán y cambiarán todo… de nuevo. Necesitamos incluir y comprometer a los estudiantes en estas conversaciones ahora- pues apenas es estamos en el año 2016, el futuro apenas comienza y queremos que nuestros estudiantes estén preparados.

Un estudiante más inteligente y “mejorado”

Para aclarar las cosas, en esta edición, me estoy refiriendo a los estudiantes que llegan a la escuela llevando consigo súper tatuajes, chips incrustados u otros implantes que mejoren sus capacidades neurológicas y biológicas. Es decir, que al tenerlos consigo, sean más inteligentes y tengan mayor capacidad que sin ellos. Y es que a medida que el Internet de las Cosas se extienda a cada rincón de nuestras vidas, nos iremos dando cuenta de que quienes tengan este tipo de implantes o chips, pasarán a ser las “cosas” más conectadas. Si deseas ser de los primeros en saber cómo se verá en la realidad toda esta tecnología de los “bio-hackers”, puedes ir a dangerousthings.com. Ofrece una de las primeras incursiones de la Singularidad de Kurzweil  en una tienda comercialmente factible.

Primero vinieron las “Gorras de pensar”

Las gorras de pensar pueden hacer de todo, desde mejorar las calificaciones en matemáticas hasta reforzar tu vida espiritual, sin embargo son versiones más gentiles de lo que son los implantes de tecnología integrados en el cuerpo humano. Esto se debe a que las gorras de pensar son fáciles de quitar y podemos revertir su efecto fácilmente, volviendo a una versión más natural y con menor capacidad de nosotros mismos. En cambio, con los implantes de tecnología y los súper tatuajes esto no es posible. Las comunidades y comités escolares harán preguntas como: “¿Debemos permitir una situación de igualdad entre los estudiantes “hackeados” y los que no lo están?” O ¿Debemos hacer que “apaguen” sus superpoderes a través de una app en su teléfono inteligente cuando entren en la escuela? (“Atención estudiantes, si alguno de ustedes trae un implante potenciador de neuronas, favor de apagarlo antes que comience el examen”).

Un sinfín de aspectos a considerar

La presencia de estudiantes con implantes parece perturbadora por numerosas razones. Si un estudiante tiene un implante de tecnología o súper tatuaje, ¿todos deberían tener acceso a ellos? Y aquellos que no pueden adquirirlos, ¿se les debe dar algún tipo de vestimenta o equipo que ayude a compensarlo? ¿Debemos dar la bienvenida a estudiantes tecnológicamente aumentados y crear enfoques especiales para satisfacer sus necesidades educativas? Estamos en la antesala para definir una nueva generación de “tener o no-tener”, al mismo tiempo que tal vez un nuevo enfoque para la Educación Especial, la cual de manera loable busca equiparar las oportunidades para los estudiantes a pesar de sus dificultades. ¿Cómo diríamos “no” a los estudiantes hackeados, particularmente aquellos que necesitan del incremento tecnológico para unirse a la mayoría? Podemos esperar escuchar historias como esta:

Estudiantes hackeados dan mejores resultados en los exámenes estandarizados. Los padres de familia demandan al distrito escolar por no proveer oportunidades de neuro-refuerzos para todos los estudiantes.

Mientras tanto en el sector privado podríamos ver algo como esto:

Los empleadores insisten en contratar empleados con neuro-refuerzos. Los trabajadores demandarán por el derecho a ser ellos mismos. Se espera que la Suprema Corte decida si los derechos civiles deben expandirse para que sea ilegal la discriminación basada en “mejoramiento a través del hackeo” o falta del mismo.

Para los negativistas

Por otro lado, no hay escasez de negativistas sobre la era venidera del estudiante con chip integrado. Me recuerdan a las personas que durante los 80´s me dijeron que las computadoras eran una moda pasajera y que el Internet nunca alcanzaría a ponerse al día. Ahora que pienso en ello, esas personas nunca se calmaron realmente hasta que utilizaron dispositivos inalámbricos conectados a una nube omnipresente. Ahora que se han asentado en la montaña rusa de la innovación, aceptando de cierta forma el hecho de que no tienen idea hacia dónde se dirige y cómo conducirlo.

Y no, ninguno de los negativistas se ha regresado para admitir el error en su juicio. Al menos, no conmigo.

“El estudiante Hackeado” es un tema para la Ciudadanía Digital

Pero el problema o planteamiento real aquí no se trata de aspectos técnicos. Es social y particularmente educacional. Cuestiones como los estudiantes hackeados encajan en el dominio de la ciudadanía digital, ese campo creciente de investigación y actividad que nos da un reto para entender mejor los derechos, responsabilidades y oportunidades relacionadas con nuestro estilo de vida digital. Deberíamos estar preparando estudiantes para lidiar con cuestiones como vivir en una sociedad hackeada, de tal forma que ellos desarrollen las capacidades perceptuales y éticas que necesitan para ser ciudadanos informados, votantes y vecinos. Los estudiantes hackeados serán normales en algún momento y después ante nuestros ojos tendremos el SUPER SORPRENDENTE nuevo desarrollo. Pero la Ciudadanía Digital es para siempre. Sabremos que será nuestra única fuente de intuición e inspiración para ayudarnos a entender la complejidad moral de la nueva normalidad, la cual siempre va a exceder nuestras más salvajes expectativas.

Después de todo, apenas estamos en el 2016, y el futuro apenas comienza.

 

EN INGLÉS

A Smarter, “Better” Student

To be clear, I am referring to students who arrive at school bearing super tattoos, embedded chips or other implants that improve their neurological or biological capabilities. That is, they are smarter and more capable with these technologies than without them. As the Internet of Things spreads into every corner of our lives, we will find that those with implants are the most connected “things” of all. If you want an introduction to what being hacked is going to look like, go to dangerousthings.com, which provides one of the first forays into a commercially feasible storefront for singularity, Ray Kurzweil’s projection that we will merge seamlessly, and indistinguishably, with our technology.

First Came Thinking Caps

Thinking caps, which can do everything from improve math scores to bolster our spritual lives, are kinder, gentler enhancement technologies because we can take them off and revert to more natural, less capable versions of ourselves very easily. However, with embedded chips and super tattoos this will not be possible. The questions for communities and school boards will be: Shall we allow “hacked” students into school on an equal footing with unhacked students? Or will we make them “turn off” their superpowers when they enter school, perhaps through an app on their smart phones? (“Students- if any of you have neuro booster implants please shut them off now before the exam begins.”) And what do we do about cyberstudents whose “school” is wherever they happen to be?

An Abundance of Issues

The presence of implanted students seems unsettling for a number of reasons. If one student has implants or super tattoos, should they all have access to them? Should those who can’t afford them be given clothing or other gear that helps compensate? Should we welcome technologically augmented students and create special approaches to meeting their educational needs? We are on the cusp of defining a new generation of haves and have-nots, as well as perhaps a new approach to Special Education, which laudably seeks to equalize opportunities for students despite their challenges. How will we say no to hacked students, particularly those who need technological augmentation in order to join the mainstream? We should expect news stories like:

Hacked students perform better on standardized tests. Parents sue school district for failure to provide neuro-enhancing opportunities for all students.

In the private sector we will see:

Employers insist on neuro-enhanced employees. Workers sue for the right to be themselves. The Supreme Court is asked to decide whether or not civil rights should be expanded to make it illegal to discriminate based on “hacked enhancement,” or a lack thereof.

For the Naysayers

There is no shortage of naysayers about the coming age of an “enhanced”‘ society. They remind me of the people who told me during the 1980s that computers were a fad and the Internet would never catch on. Come to think of it, those people didn’t really calm down until they were carrying wireless devices plugged into an omnipresent cloud. Now they have all settled in to ride the innovation rollercoaster, quite accepting of the fact that they have no idea where it is headed or how to steer it.

And no, none of the naysayers ever circled back to admit their error in judgment. Not to me, anyway.

“The Hacked Student” is an Issue for Digital Citizenship

But the real issue here is not technical. It is social and particularly educational. Issues like hacked students fall within the digital citizenship domain, that growing field of inquiry and activity that challenges us to better understand the rights, responsibilities and opportunities associated with living a digital lifestyle. We should be training students to deal with issues like living in a hacked society so that they can develop the perceptual and ethical decision-making capabilities they need to be informed citizens, voters and neighbors. Hacked students will become normal at some point and then we will be on to the next OMG development. But Digital Citizenship is forever. We will find it is our only source of insight and inspiration to help us understand the moral complexities of our new normal, which will always exceed our wildest expectations.

After all, it’s only 2016, the future is just getting started, and we want our students to be ready.

From JasonOhlerIdeas.com